jueves, 25 de febrero de 2016

Reevolución


Hace unos años, literalmente, dejé en sequía este blog. Cada nuevo año me decía "volveré a las letras" claro está, no pasaba así. ¿Por qué este si? por el simple hecho que es el inicio de un nuevo todo, nueva década vital (cumplí treinta hermosos y sexys años), mi visión personal y vital ha cambiado para bien y asi, miles de respuestas, pero comenzando de a poco, por lo que más me gusta fluir, las letras.

Bienvenidos pues lectores/as a este mi mundo, en donde me desnudo sin miedo ni prejuicios. Soñemos, entrenemos los ojos y el cerebro; hay que leer más, escribir más, amar más...vivir.

Piedad para ellas

Ensayo sobre la obra de Camille Paglia "Nacimiento del ojo occidental"
 
“¿Quién les dio la verdad absoluta? Nada hay absoluto.
Todo se cambia, todo se mueve, todo revoluciona, todo vuela y va." 
-Frida Kahlo
 
Hace un año recorrí las calles de ciudades y países del viejo mundo, y como dice el dicho “todos los caminos llegan a Roma”, en efecto, mis pasos terminaron en la cittá eterna. Desde que tengo uso del conocimiento, siempre he tenido esa inquietud casi obsesiva por poder conocer qué, quiénes, cuándo, cómo del todo; y mientras transitaba aquellos senderos romanos, todas esas preguntas me atacaban con más fuerza: ¿Qué había bajo la tierra que pisaba? ¿Quiénes han amado, sufrido, caminado por aquí? ¿Cuándo habrán encontrado esa pieza? ¿Cómo habrán ideado para construir ese monumento? en fin, un universo infinito de cuestionamientos.
Cuando llegué a las puertas del Vaticano, aquella pequeña ciudad llena de riquezas en un mundo tan pobre, debo confesar que fue tal el impacto de esa enorme y hermosa construcción, que creo cumplió su cometido al  hacerme sentir pequeño e insignificante. Lloré. Las lágrimas que contuve eran el resultado de una explosión emocional, no religiosa, más bien apreciativa. Contemplar aquel hermoso arte milenario, sentir mis pies en esa construcción por donde han transitado millones de almas a lo largo de la vida y sobre todo, la sensación de impotencia ante tal despilfarre.
Era tanto el asombro que no presté atención del alboroto que había a mi lado derecho, las manos que salían de una masa corpórea llena de cámaras, celulares, gente arrodillada, en fin, un tumulto frente a una obra de arte llamada “La pietá”  de Miguel Ángel. 
 Mujeres, se decía que eran la fuente de inspiración, musas, una elegante forma de aprovecharse de su belleza física. Ahora las llamamos top models, las colocamos en un pedestal llenándolas de lo único que pueden engordar, el ego. Hombres, desde siempre se ha manejado que fue un hombre el que comenzó todo (terrenalmente hablando), la mujer, una vez más, solo fue un medio para el objetivo.
“Afligida, oprimida por sus pesados ropajes, María admira la sensual belleza del hijo que ella ha creado” (Paglia, p. 99)
Tras el grueso cristal, frente a toda esa gente enardecida, reposaba infinita aquella pieza de mármol que tanto ha fascinado a la humanidad, una madre virginal en el punto más álgido de su vida, con el hijo moribundo, semi desnudo en sus brazos y aquella mirada indescifrable. Será imposible conocer los pensamientos e inspiraciones del artista para crear dicha pieza, es obvio que es el resultado de un encargo papal, pero fuera de terceras personas, siempre se encuentra impregnado un poco de nosotros en nuestras acciones, pensamientos, ideas etc., por lo que es absurdo no creer que detrás del frío mármol existe algo más que la simple visión del artista.
¿Podría ser acaso que sin todas esas mujeres que fueron númenes para pintores, escultores, escritores, etc. existiera una Mona Lisa, una Venus de Milo y más aún, la enigmática Venus de Willendorf? La mujer es pues, foco principal de creaciones. Paglia muestra en sus letras a una mujer fuerte, tenáz y hasta cierto punto, resentida hacia la idea de la  masculinidad como fuente de todo.
Retomando a la Virgen María, Camille deja ver su postura ante tal obra de arte al hacer hincapié cuando menciona que fue ella (María) quien creó a Jesús, no le da crédito a un espíritu santo ni a ningún dios. Sin embargo, viéndolo de un punto totalmente frío, ¿no es acaso una idea feminista que una mujer haya tenido un hijo sin la ayuda de un hombre?
 
 Claro está que existe la imagen de ese dios (masculino), pero, ¿quién puede asegurar que la persona que escribió esa idea no fue una mujer? Paglia menciona que “La hembra se copia a sí misma; su referencia es ella misma” (Paglia, p. 103) entonces podríamos abrir la posibilidad de que una mujer haya comenzado esta historia o cualquiera.
Existe una película “La Pontífice” que le da vida a un mito, en donde una mujer se hace pasar por hombre y termina siendo papa de Roma, podría entonces haber miles de historias que comenzaron con la voz de una mujer pero fueron suprimidas por la mano de un hombre, en este caso, por obra de dios.
Dentro de las esculturas greco romanas, la mayoría de las mujeres son esculpidas con cuerpos delgados, con curvas, belleza afinada en el rostro, algunas sin brazos, la belleza estética de la mujer aún sigue manejándose por estándares que otros (masculino) manejan. Del lado de los hombres, los cuerpos son perfectos, musculosos, altos, de cabellos rizados, en fin, el ideal de belleza pura, dioses. Si todos siguiéramos ese estándar de belleza al pie de la letra, ¿habría discriminación, cánones de la estética corporal, feminismo y machismo?
En dónde o de dónde nace el machismo sería como querer conocer el origen del todo, la historia nos ha mostrado lo bajo que puede caer el ser humano por querer demostrar que su (nuestro) punto de vista es el correcto, que esa idea, creencia o sentimiento tiene que ser así porque alguien en algún momento nos dijo o enseñó que así era. Olvidamos entonces que tenemos el poder del cuestionamiento, nos da miedo preguntarnos y sobre todo, tememos el encontrar una respuesta y que el cuadrado en el que habitamos se rompa.
Hace un año recorrí el viejo mundo y comprendí lo poco que hemos avanzado en tan largo tiempo, esa idea de que un solo hombre gobierne el mundo terrenal y espiritual canaliza erróneamente el poder que tienen los sexos, a la par, se lo dejamos todo a un dios invisible, olvidamos que arriba de nosotros está el cielo, que contiene nubes y en esas nubes hay gases y de ese cielo viene el universo, y en el universo los soles, galaxias, y en los planetas microorganismos que viven, y fuera de los planetas estrellas que fueron planetas y agujeros negros con un sinfín de posibles respuestas desconocidas y en esas posibilidades se encierra lo único que a veces olvidamos…. vivir.


Minotauro


Eres pecado envuelto en fuego, tentación que baila en mi piel, me quemas, enciendes cada poro.

Eres pasión desenfrenada,en el silencio de nuestras miradas te grito besos sofocados.

Eres el recuerdo de un minotauro en mi cama, bestia de mis pasiones, vorágine carnal entre las sábanas blancas de un cuarto azul.

Fuiste, eres y serás el fuego eterno de mi corazón.

Una hojeada personal de "El llano en llamas" de Juan Rulfo


“Daba gusto mirar aquella larga fila de hombres cruzando el Llano Grande otra vez, como en los tiempos buenos….Hubo un tiempo que así fue. Y ahora parecía volver.”


La primera vez que leí esta obra fue en la preparatoria, si bien la lectura ha sido desde siempre un gusto, una pasión, en esa época de mi vida mi mente y mi cuerpo no coexistían. Leí, recuerdo, las primeras páginas, era una tarea del taller de lectura y redacción, no pude; no entendía ni pretendía entender el contexto que manejaba el autor. Fin.

La segunda vez que lo leí fue en la universidad, con un poco más de conciencia lectora me pareció un muy buen cuento de realismo ficción, una lucha de pueblos buscando ganar un pedazo de tierra, de nuevo lectura superficial.

Esta vez pude (creo) comprender el gran contexto histórico que maneja Rulfo, una narración de un personaje que nos lleva por los caminos quebrados que dejó una revolución que pretendía cambiar al país, promesas de tierras despojadas de cabecillas políticos. La historia es un reflejo de lo que el autor tal vez sentía, esa nostalgia, la desilusión, la falta de esperanza… derrota.

Al principio fríamente creí que podría ser la narración de un corrido, algún personaje del narco convertido en literatura, después de una pequeña investigación, supe que el texto había sido escrito alrededor de los años 50’s y nos llevaba a la época de los 1900’s aproximadamente, la Revolución. Por lo que el viaje de los personajes se nota lento, pesado, es un ir y venir de recuerdos, de días que pasan sin que pase nada, monotonía existencial.

Los personajes son totalmente revolucionarios, una clara lucha de ellos contra el poder, las letras nos llevan a sensaciones de soledad, miedos, de lucha interna y externa, de climas secos, faltos de vida, de siembra, una violencia en su totalidad. La vorágine de círculos viciosos con el mismo fin, muerte, se respira ella en el aire, en la tierra, grietas, saqueo de poblados, robo de mujeres, agricultores sin semillas.

La imagen de un tren nos remonta a un contexto histórico, posiblemente el más fuerte en el texto, si bien el ferrocarril llegó a México aprox. en 1837 su fuerza fue con Porfirio Díaz quien una vez en el poder, tuvo que lidiar con los ecos que dejó la guerra de la independencia, pues aún existían grupos armados en distintos pueblos, como estos personajes que describe la historia los cuales se establecían en las orillas de los pasos de las vías de comunicación, específicamente los trenes y los saqueaban robando, asesinando o simplemente descarrilando.

“Pero Pedro Zamora le picó la cresta al gobierno con el descarrilamiento del tren de Sayula.” La clara imagen de rebelarse contras las nuevas normas, el decirles cómo y de qué vivir, la historia de siempre.

Finalmente se separan, caminos diferentes, tal vez una derrota no por cobardía ni por falta de apoyo, simplemente ya la tierra no era de nadie ni para nadie, la tierra ya no era de quién la trabajaba, sino de quien la podía comprar.

Contemporáneo


Llegué corriendo, el tráfico justamente hoy estaba caótico. Rutinariamente preparo mi cuerpo antes de comenzar cualquier ejercicio físico, hoy había decidido mientras manejaba que me iba a permitir cambiar el hábito, sorpresivamente la vida (y el congestionamiento vial) conspiró también.

El piso estaba helado, nunca he sido fanático de bailar, tomar o dar clase con calcetines, me gusta lo clásico, la rebeldía de los pies desnudos para conectarse con la tierra. Me puse calcetines, confieso que es más cómodo y los movimientos pueden ser mejor ejecutados. Puesto que llegué tarde, los espacios disponibles en el salón estaban reducidos, así que me senté en ese frío suelo en el extremo derecho (o izquierdo, según como te ubiques en el espacio), junto a la gran ventana. Por cierto, soy bailarín, es raro cuando te preguntan a qué te dedicas, “bailo” y sus caras son de asombro, una divertida sorpresa, como si fuera lo más curioso del mundo, nunca he encajado en los cuadrados de las expectativas sociales.

Tenía dieciocho años cuando conocía la danza, estaba en la Universidad, asistí al taller artístico que ofrecían y me topé con un salón como este, amplio, con su respectivo espejo, unas barras en la pared y una ventana; ipso facto me enamoré de la danza.

Hoy me sentí como ese día, la clase la da precisamente un maestro que fue maestro de mi primera maestra, círculos ricamente viciosos. Mi reducido espacio (somos veintitantos alumno/as) era más que suficiente para realizar los ejercicios que se nos enseñaban, una clase con variedad de movimientos que me permiten conocer las distintas posibilidades con las que puedo trabajar mi cuerpo, el espacio, los ritmos, una conexión de emociones, sentimientos, la conciencia de mí.


 Es una hora aproximada de compartir la alegría de vivir, nuestro guía nos lleva por ejercicios corporales que nos reta a dar más física y mental a lo que estamos acostumbrados, romper con esas limitaciones de “no puedo” o “no debes”, para convertirlas en giros, caídas y movimientos repletos de posibilidades.

Existe un elemento que se llama suspensión el cual consiste en ese justo momento de continuar con un movimiento, lo visualizo como un suspiro, un instante, una pequeña fotografía. Trabajamos pues seguido con la suspensión, con ese instante mencionado que nos permite sentir y comprender por qué danzamos, cómo es que nuestro cuerpo, esta máquina hermosamente creada se mueve, existe.

Hoy llegué corriendo, pero terminé bailando.

Wassily Kandisnky, de lo espiritual en el arte.

(Págs.  leídas 7-55, resumen de 7 a 28.)
No es cuestionado el interés del autor por mostrar o podría decir, tratar de explicar el qué y cómo del arte en distintas ramas como la música, pintura, ciencia (porque también la ha considerado como arte) etc.

La primera pregunta que saltó mi atención fue ¿a qué vamos? , nunca nadie (creo) se ha cuestionado fríamente el  ¿para qué?  O ¿por qué vamos a un museo/exposición/ teatro, etc.? Realmente deberíamos plantearnos el porqué de nuestra curiosidad artística, si vamos a ver, por ejemplo, una exposición fotográfica, es ir a mirar (no observar realmente) imágenes e identificarnos con lo que un ojo vio, o vamos a ver exposiciones de pintura por querer ver la posible imagen de una realidad vista por otro ojo. Es decir, la diferencia entre una fotografía y una pintura, ¿en dónde radica? ¿En la forma de creación? Y entonces, ¿por qué le damos más renombre a asistir a una exposición de pintura? Considero que tenemos impuesta la idea de que logramos un estatus social al asistir, podemos decirnos artistas o miembros de una comunidad artística solo por asistir.

El autor menciona una “mirada con ojos fríos”, ahí es donde realmente debemos observar sin tomar en cuenta influencias y/o prejuicios, realmente apreciar/admirar esa creación por el simple hecho de disfrutar, no juzgar. Llegamos a caer en un ambiente, como el autor escribe “artistas que crean sin entusiasmo”, en este caso, nos convertimos en espectadores que admiran sin entusiasmo, estar solo por estar, como el artista crea arte solo por “estar” y no por “ser”.

Cuando esto llega a suceder, caemos en la “perdición”, con el mero significado de la palabra, nos perdemos. Wassily dice “cuando la religión, ciencia y moral se van, comienza la vista hacía uno mismo” me pregunto pues, ¿por qué necesitamos que todo se pierda para regresar a nuestro centro? Creo que cuando nos vemos desnudos de toda explicación, admiración, etc., es cuando recordamos que somos o podemos ser sin necesidad de tanto ni tantos, es decir, poder soltarnos de muchos ideales impuestos y comenzar por crear propios que se adapten a nuestras verdaderas necesidades, no las que creemos tener.